Escalofríos

lunes, 19 de marzo de 2012

Hilos en manadas, que contratan y aseguran.
Que susurran tus miradas, que ordenan y masturban.
Hilos que balbucean algún que otro vocativo cariñoso.
Me escaquearé de tus maneras, puesto que se te da genial hacer de mi ser pequeño.
Allá o acá, posada en la almohada de mi nada. De mi hermosa, bonita y humilde nada.
Manejable, mansa cual estúpida eclipsada por estos tus detalles.
Con el truco apoyado en tus brazos, tratándose de callar, jugándosela al azar.
Masticado de tu cansancio por la noche, contracturas y sueño con tu nombre.
Ansia por silencios innecesarios, pues por ahora me los guardo por si acaso.

Déjate.

Deja de robarme las ganas, deja de andar de esa forma, de arrancarme el pelo, de intentar levantarme del suelo.
Déjate los dichosos apuntes mal escritos en cualquier lado, deja de dibujar palabras o balbucear suspiros con desgana. Deja de ser el azucarillo para mi acidez, la salida de emergencia de mis incendios diarios. Deja de ser el yodo para mis heridas y la cucharilla para mi tarrina de helado. Cánsate de desafiarme, de pincharme; guárdate las púas. Déjame dormir tranquila, para de hacerme cosquillas con tus palabras. Deberías devolverme todos y cada uno de mis bostezos regalados. Deja de amarrarme aquí; de hacer el tonto. De pisar así de fuerte.
Pero sobre todo, no hagas caso ni de la mitad de lo que escribo.