Escalofríos

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Piropeando

Que tras aquel velo se yo bien quién existe.
Cuyas dudas balbucean sin cesar.
Cuales maneras absurdas de tartamudear.
En la pura y dulce ironía del saber.
Pues ni el más humilde besar.
Sin apenas querer aprender a amar.
Que mi pelo ondea al viento, sin cesar;
pues aún no podría dejarte de pensar.
Sólo pongo una lápida, por cada caída.
Que más fácil sería intentar.
Pues sencillo de solucionar.
Humilde duda que mi cabeza abarca.
Déjame no pensar.
Sin razón poder actuar.
Sin jamás perder sin más.
A lo mejor no lo quiero arreglar.
¿Qué hicimos para quitarnos los disfraces?
Quizá la duda me enamora.
El recuerdo me hace viva, la duda me recuerda tu pesar.
Ojalá dijeseis algo ojos; porque boca, no te quiero escuchar.
Que pues ni el más humilde besar.
Prefiero mi hablar.

Te odio

Tú y tu bordería.
Que al mar amarillento le faltan los colores.
Un infinito de lunes a domingo, chis, que te lo dejo aquí escrito.
Qué me queda.
No te equivoques, te pregunto antes del despido.
No me gusta dicho calibre.
Amaba su pura lógica cuerda mentirosa.
Plantea, marea, o al menos sólo convénceme.
Mentirosa.

Chis.

Trajeada gente, descuartizar aquel silencio. cruzaos, ¿triste generación?
Ahora toca perder.
Corred, por esta bonita avenida sin final.
Concretos aires de superioridad, moved ficha ya.
Aislándolo de la enorme hipocresía del vaso en el que olvido.
Exclavos, venga va, sonreíd.
La gasté aspirando sucio oxígeno, perdona.
Besaré tu suelo, si apenas sacas conclusiones.
Lista que eres lista, y te encanta pintar los folios de blanco.
Oh, bochorno, ámame.
Bostezo del saber, me encanta imaginar tu porque.

Te lo dije Zez

Volviendo a empañar con su vaho, pura lluvia en sus calles. Trayéndote loco Zec.
Venga va, sigue haciéndolo, vístete corriendo, sé que lo harás; te enamora.
Ahora avanza, colócate ese auricular que se te ha caído y pisa ya el primer
charco.
Bah, menudo trueno madriz, parece que vas a empezar a arder.
Viste franela y acumula tu calor.
Sudando tus manos. Cariño, tranquilo, que aún mantengo la nostalgia
Shs, olvida lo tuyo.
Dilataos pupílas, a menos que te hayan timado con la papelina.
Maldito Zec, no para ello.
Calla! te lo dije, te lo dije.

No más

Descalzo al ardiente asfalto impropio de tus actos.
Que pura destreza te convierte en casi libre.
Menudos dedos impacientes de secar, necesidad.
Parece que mis palabras se te hacen extranjeras.
Menuda gozada me das.
Placentera autoestima, joder.
Vega, va, que te dejo que me convezcas.
Pero calla, que aún no es madrugada.

Asfaltando

Condujo hacia en norte. Con su luz desde aquí apagada, que sus nubes aún
te guían.
Me encanta ver como hundes tus dedos en la fría arena.
Joder, calla y percátate del énfasis con el que saltan las chispas de las llamas
de su soltura.
Proporcionando el calor de algunas llamas, yo.
Cayendo mis ojos, terminando ahí, desabrigada, eres un muerto.
Tendré que entrar en ruinas, dejando que pases hambre.
Siente, siente como se apaga la hoguera.

Monotema telediario.

Vagamente viendo tus zarpazos.
Bajaba de la escalera deslizando con la rojiza.
Escuchando su silencio; por si alguna vez se os acaba la batalla.
Estúpida, que te haces pasar por su sombra.
Casi sin gas, menos mal que miras hacia atrás.
Entorno a su misma historieta.
Bombeo feroz, qué ganas de darte tranquilidad, chica.

Sofocos delirantes

Puros pasos juntos a ataudes llenos de cambios de humor. Dichos sustos
cuales sobresaltos; me hacen hoy viva.
Cómo me dijeron; yo haciendo amigos y enemigos.
Apartándome de puestos vuestros focos.
Será por vías; adoro descarrilar, ejem.
Descalza, en otro sitio, aprendiendo a esperar, enamorada de castillos de arena
Sin asiduos de parpadear.
Vomitivo refranero español.
Aguanto sólo si quema, me salva su latido.
Para qué nada.
Redactando el escenario, contando con un futuro.
Monótono tendría que ser estúpido.
Me gustan tus carcajadas cortas. ¿Para qué más?

Cargando...

Empalagosa metáfora, esquiva y parece que no.
Guardando un sitio en aquel infierno, tranquila, sigo corriendo.
Pensando en olvidarme del llorar, ilusión.
Partiendo de mi humilde edad, y mis ganas de saberlo todo.
Puro agovio de esos números.
Cómo todo; qué sería del verano sin el sol. Agridulce atracción.
Hasta el cuerpo que entre mis dedos se desvanece, desvanécete así, suda.
Adoro esta fruta de imperfección, con la vida en la despedida. La hipocresía
de la ironía en estado puro. El parpadeo de tus versos sumándose al olor de
tu piel. Cómo poder pensar que me daría tiempo a sentar lo tuyo.
Locura posesiva, dónde andarás a estas horas.
Esa sinceridad; risas decid que sí.

Ahora no.

Teletienda húmeda; tu despedida seca.
Castigosa esencia la tuya.
Dicen que las estrellas escuchan, tan ciegas.
Precuparse, demasiada responsabilidad para ello.
Vaya vida me das.
Las oportunidades las pintan blancas.
Tan sorda.
Solada piel de instantes, tu recreo.
Parece que hoy también ha exisitido la calle. Con reloj
de arena, esquivando balas.
Dando decimales.
Demasiado pronto.

Nublado

Sin dejarme caer del todo. Vuelve a ser gris. Bien. Genial.
Fantástico.
Dudas sobre cualquier cosa poca, estupéndo.
Demasiados ojos hacia ningún lugar, expléndido.
Buscate tu señal, joder.
Riéndose del caso omiso, hojas vacías.
Sé que estais ahí, con sed de mi sangre. Hambrientos de
menta para gargantas secas.
Respirar, es simple.
¿No?
Apenas percatándome de tu presencia, vaya verguenza.
Esperando con ansia que me provoque asco. Vaya.

Ácida

¡PERO SI SOY ASÍ!
Aún puedo cambiar una interrogación por una exclamación.
¡PERO SI AÚN PUEDO EXPIRAR!
Dulce deseo imposible, bonita escasez chico.
Si apenas deseo lo sinceramente deseable.
Parece que aún me conformo viendo como te desmoronas;
mina de lápiz. Aún puedo reírme de tus canas; déjame
correr, porque volar no puedo.

Más

[...]Deshaciéndose así de aquella túnica amarronada. Creía poder llamar su atención al salir de aquella
igulesia italiana... Quién me lo iba a decir, que monótomo y tristemente era buscar mis ojos en
sus marrones iris. Imponiendo a simple vista, un cuerpo duro, firme... gentil. Tembleque a causa
de nervios. Incoherentemente, deformado y sin sentido, pensar que algún día mi confianza dependiese de él [...]

Pedacitos

[...]Llegué a odiar aquella monótona melodía que me taladraba
los oídos. No era mi culpa; a menos, no del todo. Anduve
de un lado a otro, purulando sin apenas avanzar. Grande sintiéndose
puro polvo de los astros, sin apenas sentir los nervios.[...]

En ocasiones.

Cuál sulfato sacado del más oscuro lodo siempre penetra un hilo de luz blanca,
Que bajo el desolado manto de tus lágrimas, que todos tenemos claro que tu sonrisa
se hace grande. Tan bonita pudiendo ser la muerte; particular.
Simple sencillez que enamoras; bajo la contemplación de tus caricias estalladas de
un maravilloso éxtasis, existes tú, tan perfectamente imperfecto, sobre la ironía del
sarcasmo. Poniendo punto y seguido, que tus ojeadas escasean. No te engañes, apenas tienes oído
para observarme. Se real; esencia. ¿Qué? será la nada.