A mil distancias, dónde estás.
Apuestos tus cuidados desde arriba; tu honor será hoy mi alma.
Abrazo con fuerza mis recuerdos, mis llantos por tus llegadas tardes, y mi manera de mirarte...
Tu mano cayosa, con mis pálidos y nuevos dedos... Apriétame y no me sueltes nunca.
Brilla como tú solo sabes y yo callaré las voces del mundo.
Pisaré donde dejaste tus huellas para mí, donde me dedicaste cada segundo de tu amor, donde guardaste todos mis berrinches y mis ganas de verte.
La felicidad... Para mí la felicidad tiene otro nombre.
Se llama Lázaro, allí donde estés.

Esto ha sido uno de esos bocados que te dejan sin respirar durante un tiempo. Qué brutal.
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