Supersónicos bajo presión; de luces de callejones viven hoy mis alas.
Alterando el enfoque y mil visiones que sueltan mis letras escritas en papel de lija,
en suspiros de una niña, en árboles de ningún lado de en ningún sitio.
De vuelta el aire caliente, poniéndose lujuriosamente las arrugas de mi frente.
Se me estremece el olvido de arrugar el entrecejo, de mirarme mientras canto.
Mis cristales grandes, empañados de tantas veces tú. Qué alegría me doy manteniéndome en mis trece.
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