Las palabras se forman caos,
y tú te quedas en tus cuarenta y cinco más.
Y me llevas al resurgir de mis cenizas,
que tanto me costaron calcinar.
Vomitas cincuenta párrafos para quedarnos en nada,
y haces que vuelva a vomitar a mi blog.
Y es que el mal tiempo hace doler las cicatrices.
Y es que mis vendas sólo cambian de lugar.
Y es que tú sigues en mí, como un chicle que piso y se me pega al zapato.
Ser, escuchar, creer...
Aprender, amor.
Amor, amor amor.
Llámalo como quieras, llámame como quieras...
Las bombas no destruyen si se tiran lejos, muy lejos.
¿No?
Ternura. Sequedad. Ambigüedad. Nostalgia.
Olores, texturas, sabores, miradas.
Las etiquetas nunca se me dieron bien...
Rotos por algún sitio, en ninguna parte.
Es una saga que no acaba.
Ni el veneno más puro acaba con el más dulzón...
Tú sólo sabes ser veneno dulzón conmigo.
Egoísta, miserable, cruel, ruin. Amor.
La estructura del equilibrio perfecto,
fue lo que construimos entre los dos.
Tan perfecto que no era posible.
Tan de ambos que no era sano, insano, menos sano.
Resurgir.
Me encanta como soy cuando tú eres.
Me encanta tu ser cuando soy.
Suerte con la huida de mí.
Suerte para mí con tu huida.
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