Descalzo al ardiente asfalto impropio de tus actos.
Que pura destreza te convierte en casi libre.
Menudos dedos impacientes de secar, necesidad.
Parece que mis palabras se te hacen extranjeras.
Menuda gozada me das.
Placentera autoestima, joder.
Vega, va, que te dejo que me convezcas.
Pero calla, que aún no es madrugada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario