Que tras aquel velo se yo bien quién existe.
Cuyas dudas balbucean sin cesar.
Cuales maneras absurdas de tartamudear.
En la pura y dulce ironía del saber.
Pues ni el más humilde besar.
Sin apenas querer aprender a amar.
Que mi pelo ondea al viento, sin cesar;
pues aún no podría dejarte de pensar.
Sólo pongo una lápida, por cada caída.
Que más fácil sería intentar.
Pues sencillo de solucionar.
Humilde duda que mi cabeza abarca.
Déjame no pensar.
Sin razón poder actuar.
Sin jamás perder sin más.
A lo mejor no lo quiero arreglar.
¿Qué hicimos para quitarnos los disfraces?
Quizá la duda me enamora.
El recuerdo me hace viva, la duda me recuerda tu pesar.
Ojalá dijeseis algo ojos; porque boca, no te quiero escuchar.
Que pues ni el más humilde besar.
Prefiero mi hablar.
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