[...]Deshaciéndose así de aquella túnica amarronada. Creía poder llamar su atención al salir de aquella
igulesia italiana... Quién me lo iba a decir, que monótomo y tristemente era buscar mis ojos en
sus marrones iris. Imponiendo a simple vista, un cuerpo duro, firme... gentil. Tembleque a causa
de nervios. Incoherentemente, deformado y sin sentido, pensar que algún día mi confianza dependiese de él [...]
No hay comentarios:
Publicar un comentario