Pomposa y brillante, la calle de tus sonrojos mal parados y mal posados, vergüenza pasmosa y limpia... Y yo sin saber aún dónde guardar mis alas frías...
Reflejo gris, de mi apego impresionante hacia mi alfombra, que un día más el sol se pone, que un día más el aire flota.
Quizás adore la metamorfosis de mis pestañas que malparpadean sin ganas la euforia de la brisa de tu ventana redonda... Qué opacos se muestran hoy; como aquellas estaciones mal situadas a deshora.
Y válgame qué habría pasado con el humo de tus suspiros, para que ahora fuera el espíritu total y triste de mi objetivo de encontrar mis propios ojos en mi nada.
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