Hoy, cómo de costumbre, no sé quién soy.
Mis pies se han declarado la guerra y mis manos están en huelga.
Mis yemas han perdido las huellas y mi agua hoy no refresca.
Mi almohada se reseca, pues ya no duermo con la boca abierta.
Tu cintura ha dejado de bailar, y mi mirada dejó de embelesar.
Tu desdén ha pensado en contagiarme.
Hoy tu voz se ha vuelto muda y mis oídos sordos.
Tus andares estultos que caminan hacia ningún lado,
haciendo pálido mi recuerdo anonadado.
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